miércoles, 25 de julio de 2012

¿Qué ves cuando me ves?

Aveces estamos tristes, nos decepcionamos, aveces uno se siente vacio, aveces lloramos, aveces nos sentimos desamparados, nos sentimos inferiores, aveces nos criticamos, aveces nos rechazamos. Aveces nos sentimos molestos, aveces nos sentimos cansados, aveces nos odiamos, aveces tenemos una tristezas en los ojos mojados y rojos que es inevitable disimular.
Y tenemos que confesar que muchas de las veces que nos sentimos asi es porque negamos el reflejo de nosotros mismos que dejamos en el espejo. Y hasta aveces decaemos ser otra persona (¿soy el único?)
El espejo, el espejo es mi peor enemigo, mi peor miedo, mi decepción hacia mi mismo.
Acaso, ¿desear ser otra persona, no es un desprecio de la persona que somos? Sí.
Es molesto fingir ser nosotros mismo, es tedioso ver y pensar que si no sos de tal forma no te aceptan. Lo confieso, también me quedo con la impresión de algunas personas, pero busco, busco algo en cada persona algo especial, algo único. Porque todos lo somos, todos somos magníficos y únicos en casi todos los sentidos.


''Ojos que no ven, corazón que no siente'' ¿Será por eso que nadie siente nada por mi? Porque no me ven, ser invisible es casi como no existir, solo cuando alguien te ve, te sentís vivo. Lo esencial es invisible a los ojos, ¿será que yo soy tan esencial que soy totalmente invisible?. Soy como un fantasma, una sombra que pasa, pero nadie me puede ver.


viernes, 20 de julio de 2012

Ivan-yvienen.

A mis pocos y fieles lectores, perdón por la demora recién hoy tube tiempo de sentarme a escribir un poco. No tengo mucho que contarles, pero algo es algo.
                                                         ***
Las vueltas de la vida, cuestiones de orgullo, de inmadurez, de desencuentros, de angustias que no compartimos, nos separaron hace algún tiempo. Que te extraño es evidente. Quienes me conocen, saben que no voy a correr a decírtelo. Es lamentable, pero no puedo cambiar mi esencia. Es triste, pero es parte de mí. Como algunos de los mejores recuerdos que tuve al lado tuyo, como las risas ahogadas en las siestas eternas en un sillón como la primera vez que nos encontramos. Como las miradas incomodas, como los pocos abrazos que alguna vez te dí. Así. Inmenso el cariño que llegué a tenerte más de una vez, inmenso el hueco que quedó en mí cuando nos alejamos.


JG- 2011.

jueves, 5 de julio de 2012

Capítulo Cinco: El Minibus.

Veía en medio de la noche, los colectivos ir y venir, sentado al lado de un banco color verde de la terminal.
Extrañaba esa terminal, sigue siendo tán linda como la recordaba, con poca gente, con los colectivos, el frio de las madrugadas, todo. Esos árboles amarillos y anarajandos, aquellas madrugadas frias, y ese gusto amargo de soledad. Esa terminal tiene los mejores recuerdos de mi infancia. Y era hora de decirles adiós a los señores que me dieron la vida, armar los bolsos y irse de viaje, para poder visitar a la familia que tanto amo. (No es que me quiera hacer el grande, me pagaron al pasaje) Grasias.


                                                               ***
Llegó un colectivo, eran tipo 5:24 de la madrugada. En eso, llega una pareja. Se veían demaciados felices. Y en frente de mi cara me refrejaban una frase imaginaria que estaba en mi mente: <<Y si estamos juntos, que mierda nos importa todo mundo>>.
De reojo, miraba (con un poco de envidia) sus brazos enroscados en su novia. Sentados frente a mi, diciendose cosas lindas, planeando su fin de semana fuera de la ciudad, esperando el colectivo que los llevaría a algun lugar para disfrutar de su amorío en soltería.
¡Qué afortunado, hombre y mujer! ¡Por Dios y Jesús Cristo!
Ella dejaba apollabar su cabeza en su pecho, quien con orgullo lo amaba y le pertenecia.
A pesar del tiempo, la fria noche despertó mi nostalgica memoria. Llevama más de una hora y media estando sentado, esperando a alguna persona del Planeta Tierra que me venga a rescatar de ese momento.
La llovizna no cesaba, y obligaba a los pocos seres humanos que se veían, a esperar bajo el techo de la estación. Decidí entonces moverme a unas escaleras, de la parada con un techo que atajaba la llovizna, y también poder a acomodar mi cuerpo como tal vagabundo, y cerrar un poco los ojos. Cuando me recosté en las escaleras frias y un poco mojadas, comencé a tener una perturbadora sensación de angustia.

<<Mierda, yo quiero a alguien así, una persona, que me acaricie la mano y que deje que su pecho se pueda convertirr en mi más comoda cuna>> Pensaba en todo eso, y más con la boca a medio sonreír y a medio llorar.
Aveces cuando uno quiere estar solo, uno trata de convercerse de ello utilizando palabras como ''Independencia'', ''libertad'', ''frenecis adolescente'', ''vida,joda,vida,joda,vida,joda'' y tantas otras porquerías embusteras, que con el tiempo nos hace ver la verdad y arrepentir. <<¿LIBERTAD? Libertad, piden los presos, ¡Yo quiero a alguien, por favor! >> Entre tantas otras dramatizaciones similares, (tantas, que el teclado que haría añicos en un intento de tipiarlas a todas. Y ahí, con mi manos cruzadas, llegó un chico. Venía de un boliche, tal vez un poco ebrio, cansado, y mareado. Hablaba solo, no lo culpo al pobre.
Pensando en eso, hice una curva maliciosa en mi sonrisa. ¿Por qué? Quizás por que me recordaba ami en algunas de mi mejores noches de salidas. Logró sentarce en donde me había sentado antes.
Allí apoyo sus codos en sus rodillas y tapo todo su rostro. Al cabo de veinte minutos, o quizás media hora, se acercó caminando hacia mí, y noté que estaba muy bien vestido, digno de estar muy bien vestido.
Al ver esto ya había recobrado la compostura y su mirada me pareció muy agradable.


- Che, disculpame... ¿Sabés a qué hora llegan los colectivos? –me dijo con algo de timidez acariciándose el cuello con la mano derecha.
- Y... Depende cuál. ¿A dónde vas? No conosco mucho –dije interesado.
- Voy a Huércanos ... No veo la hora de llegar a casa.
- Ah, conosco mis primos viven ahí. Pero que lastima que no voy para allá. Todabía tengo como 200 km hasta el pueblo. Pero ése colectivo pasa cada 40 minutos.
Hizo una mueca de tranquilidad y preguntó
- ¿Te jode que me siente con vos?
- No, está bien.


Se sentó dos escalones más abajo mio, y apoyo su cabeza sobre mis rodillas. Me explicó (mientras yo, desesperado, buscaba una mirada en los demas a una cara familiar, que me rescatara) que se había levantado temprano para entrenar, que no le gustaba tanto salir a bailar, pero que había hecho una excepción por el cumpleaños de su mejor amiga. Me preguntó mi nombre, a donde iva y dónde vivia, y si estaba en alguna relación. <<Una lástima>> Murmuró. Obviamente que la respues era que no. Y me sonrojé mientras reia. El probablemente tenía novia. No me animé a preguntarle. En un simple movimiento logró que lo rodeara con los brazos, mientras me acariciaba la mano. Trataba de recordar el deceo de tener a alguien que se comportara así cuando caí en la cuenta de lo que estaba suceciendo. PERO sin embargo era una farsa, una mezcla de impulsos, amor y alcohol de una joda a la noche y necesidad de cariño.... Pero qué bien se sentía. Rogaba que mi colectivo llegara para irme lejos de ése sitio, llegara antes que el de él, pero que demorara, mucho, mucho tiempo.
Reposado, aun en mi rodilla, conversaba plenamente conmigo. Callendo en todo esto, recordaba que no había sentido así en demaciado tiempo, y menos con un hombre.
Vi llegar su colectivo, y le advertí:


-Mirá, ahí está tu colectivo.

- Me tomo el próximo, me gusta estar con vos –me dijo, alzando su vista para mirar directo a mis ojos.
- No seas idiota, andá. - Le dije.
- ¿Querés que me vaya? –amagó con levantarse, lo agarré de los hombros y lo acerqué a mí.
- Quedate –tomé su mentón y lo miré fijo a los ojos. No lo había notado, eran muy bellos, sumamente negros y profundos. Él aferró sus manos a mi cuello y me besó. Le contesté con un beso un poco más largo... Y él con otro... Y otro más... Y se pasaron dos colectivos y ninguno de los dos se inmutaba ante el paso de las horas. Sólo nos besamos y nos acariciamos mientras el sol amenazaba con descubrir nuestros ojos cansados.
- Andate –le dije.
- ¿Qué?
- Ya está, tomate ese colectivo. Éste es mi número.- (Nisiquiera era mi número, era el número de un amigo que era el único número de celular que me sé en toda mi vida) Me dió su facebook, se llamaba Matías Gonzalez y lo obligué a subir. Se dirigía al colectivo, le hizo señas al chofer de que espere un momento, corrió hacia mí, me besó y se fue, así nada más. Desde la ventana del minibús él grabó en el vidrio empañado un tiernísimo “Gracias” y el colectivo arrancó. 
Hoy, ya en casa trás tres días después del viaje, sigo esperando su mensaje. «Ya, ya, ya va a llegar». Al día pensaba «Ayer no, era muy pronto. HOY seguro». Hoy «Okay, ya está«¡Pelotudo! ¡Me habías gustado!». Ahora «¡Qué pelotudo y la concha que me parió y soy, me había ilusionado!».

¿Cuánto demoramos los hombres en enviar un mensaje, si es que van a hacerlo? ¿No podemos simplemente no ilusionarnos? ¡Cuánta actuación! ¡Qué desarrollo artístico! ¡Mi placard rebalsa de talento! De saturados y saturadas inutiles que nos dejan cicatrices que nos siguen doliendo aun con el paso del tiempo.

domingo, 1 de julio de 2012

Amores olvidados, jamás encontrados.


Acaso yo, ¿Yo soy el único que pienso en algunas ocasiones y se complica y amarga la vida por no encontrar la persona ideal, esa persona que buscamos constantemente por el cielo como si fueran amigos pasados que los llevó el destino? Esa persona alegre, carismática, chistosa, hermosa, única, que nos gustaría que nos alegre el día con tal de solo ver, esa persona que sea un sol cuando nos despertemos, esa persona que nos haga sentir únicos, alguien que nos haga sentir hermosos, alguien que nos paseé con orgullo como si fuera un trofeo, alguien que nos dé ganas de vivir, alguien que con su mirada ruborice nuestras mejillas involuntariamente, sentirse afortunado, sentirse la persona más feliz, alguien que nos haga morir de celos, con quien mirar las estrellas, alguien que nos haga volar alguien que nos haga llorar, alguien con quien caminar como dos locos de la mano, alguien que nos reconozca nuestros enojos, nuestro humor, nuestras alegrías y penas, alguien que no nos deje heridas en el alma.

                                                    ***

A veces, me río de mi mismo como un loco por decir tantas cursilerías sin sentido. Si al final, sabemos que aunque le roguemos a los mismísimos Dioses en persona, es casi imposible. Aunque no pierdo la esperanza de, encontrarlo algún día, sea cual sea. Pero ruego que sea pronto...
Como me acostumbré y ya me adapté, le agarré gusto a la soledad.
Aunque a veces mi cabeza recapacita y cae en el mismo pensamiento de siempre. Entiéndanme, es inevitable ver personas de la mano felices de la vida, es como un piña en el estomago y otra en la cara. Y aunque a veces actúo indiferente a todo aquello que pueda llegar a doler (porque vivir y estar solo, duele) ¿Por qué? Por que ya tengo heridas viejas. Tal vez, quienes han sido felices, y lo han perdido todo, me entiendan. Por que ya lloro en las noches que a veces no fumo a escondidas en el patio del frente, y fumo en las noches que no lloro, por que este es mi limite y decidí, como el ser capaz que me considero (a veces) que no voy a buscar más a nadie, esperaré sentado acá escribiendo un milagro que quizás nunca va a caer desde el cielo.

Ya no quiero esto, después de todo, algún día se va a terminar, -pienso para mi mismo cuando a veces mi corazón, triste, frágil y de estabilidad cuestionable se desencaja de a poco- y más vale que se acabe ahora, que todavía no me acostumbré a ser infeliz.

Corto, casi sin sentido, escrito por inercia y aburrimiento, con melancolía, y con gusto a sabor amargo. Au revoir.